Sábado, Mayo 25, 2013
   
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Las ONG, El Desarrollo de las Naciones y la Globalización - 2da parte

ONGD del norte: generaciones y líneas de actuación.
Eduardo Antonio Revilla Taracena :  Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla


Inspirándonos grosso modo en la clasificación propuesta por Korten (1990), podríamos hablar de cuatro generaciones de ONGD del Norte (también aplicable, aunque parcialmente a las del Sur) según sea la orientación de su trabajo en el Sur y, especialmente, en el Norte (véase el gráfico anterior y el cuadro adjunto):

- Primera generación, denominada asistencialista, que se caracteriza por las acciones de emergencia y para la que proponemos el año 1945 como fecha de referencia inicial, fecha que coincide con el final de la Segunda Guerra Mundial y la constitución en San Francisco de las Naciones Unidas, siendo un año posterior a la firma de los acuerdos de Bretton Woods, de los que nacerían el Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (IBRD), cuyas instituciones más importantes son el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles de Aduana y Comercio).

- Segunda generación, denominada desarrollista, en la que se fomenta el desarrollo local en el Sur y la sensibilización de la opinión pública en el Norte y que, tomando a 1960 –año en el que 17 países africanos alcanzan la independencia como referencia, marca el inicio de la consolidación del periodo de dependencia neocolonial.

-Tercera generación, que denominamos de asociacionismo en el Sur y de denuncia causal en el Norte, y para el que hemos escogido como año de referencia 1973, año en el que los países no alineados reclaman un nuevo orden económico internacional (NOEI) y en el que, paradójicamente, gracias al alza del precio del petróleo que propició la abundante disponibilidad de «petrodólares», se inicia el periodo de endeudamiento creciente de los países del Sur, periodo que desembocaría en la llamada crisis de la deuda en 1982, cuando México se declara incapaz de hacerse cargo del servicio de su deuda.

- Cuarta generación. Cuyo año de referencia es precisamente 1982, y que denominamos de "empoderamiento" (empowerment) en el Sur y de presión política en el Norte.

Evidentemente esta cuarta generación se superpone a las anteriores y mantiene características comunes a ellas. Estaría formada por aquellas ONGD que, sin dejar de cooperar estrechamente con sus contrapartes del Sur, darían prioridad a la presión sobre los líderes de opinión y grupos de poder, y a la investigación y sensibilización de la opinión pública en sus propios países.

Conviene dejar claro que utilizamos el término “generación” por su utilidad conceptual, pero somos conscientes de sus limitaciones: solapamiento de distintas generaciones, coexistencia en muchas ONGD de características propias de varias de ellas, marcadas diferencias entre la evolución en distintos países, etc. El término generación implica fundamentalmente evolución y adaptación al contexto socioeconómico y supone la toma de determinadas decisiones institucionales para asegurar el cumplimiento de los objetivos fundacionales.

Los procesos de cambio de las ONGD establecidas y la aparición de otras nuevas suponen asimismo la creciente diversidad del sector, la creciente especialización de sus miembros y su dispersión ideológica. Si bien la primera generación no es ‘peor’ que la cuarta (por ejemplo, es vital mantener las acciones encaminadas a garantizar la supervivencia en situaciones de grave necesidad), estamos convencidos de que algunas de las características y objetivos de esta última, según nuestra propuesta, la hace más competente para:

- Provocar cambios estructurales de carácter político y económico en beneficio de las personas y grupos marginados y empobrecidos en todo el mundo, con el convencimiento de que ellos nos ofrecen con frecuencia «comunidad contra el individualismo, servicialidad contra el egoísmo, sencillez contra la opulencia» y de que aprendemos de su propio esfuerzo y de «luchas de liberación» (Sobrino, 1992:32).

- Provocar cambios estructurales de carácter político y económico en beneficio del medio ambiente del que somos parte indivisible, pues «Todo lo que le ocurra a la Tierra les ocurrirá a los hijos de la Tierra» (Carta del jefe Seattle de las tribus dwasmish y suquamish al presidente Ulisses Grant en 1885).

Líneas de actuación.
De acuerdo con la definición que hemos adelantado en el punto 10, el grupo de las ONGD del Norte incluiría una gran diversidad de organismos con una o varias de estas actividades: asesoría técnica (tecnologías apropiadas, técnicas agropecuarias, modelos de gestión y administración, etc.), envío de voluntarios, financiación de programas de desarrollo, actividades y publicaciones de educación para el desarrollo (dirigidas al público en general, a maestros y a los diversos niveles educativos, a los medios de comunicación social, a otros colectivos y grupos de interés y al comercio justo), e investigación y presión política.

Si bien el número estimado de ONGD de los 20 países miembros del CAD –países que hoy en día son responsables de más del 95% de la ayuda oficial al desarrollo total- ya hemos visto que es superior a las 4.000, un reducido número de ellas es responsable de la mayoría de las actividades y de la recaudación de fondos privados y públicos. Hemos de resaltar sin embargo el importante papel que a nuestro entender tienen las organizaciones de menor tamaño, por sus aportaciones críticas y sus visiones complementarias a las de las ONGD de mayor envergadura. Es importante señalar de nuevo que para que una ONGD pueda planificar y realizar sus actividades sin imposiciones ni condicionamientos externos, es necesaria la independencia económica que viene dada por la captación suficiente de recursos privados.

En lo referente a la educación para el desarrollo, en una encuesta realizada por la OCDE (1990) a 2.542 ONGD del Norte –las más importantes- se puede observar que sólo 1.910, es decir un 75%, llevaban a cabo programas de educación para el desarrollo. A pesar del elevado porcentaje es una pequeña porción aquellas que realizaban actividades que van más allá de, por ejemplo, las publicaciones o la organización de conferencias. Por lo tanto, la educación para el desarrollo continua siendo una asignatura pendiente para muchas ONGD que disponiendo de medios, dan prioridad a sus acciones de cooperación den detrimento del impacto sobre sus propias sociedades.

La respuesta que el ex presidente de Tanzania, Julius Nyerere, dio hace ya treinta años a la pregunta realizada por Leslie Kirkley de Oxfam, sobre la mejor manera como su organización podía ayudar a Tanzania, continúa vigente. En aquella ocasión Nyerere le aconsejó (Harris, 19888:7) «Coja todos y cada uno de los peniques que tiene previsto destinar a Tanzania y gásteselos en el Reino Unido en explicar a sus conciudadanos las características de la pobreza y sus causas».

De idéntica manera, las ONGD del Sur y sus redes con mayor difusión de futuro piden insistentemente a las del Norte que reorienten sus actividades de manera que concedan mayor importancia a la defensa de los intereses de los pueblos del Sur y especialmente que influyan en las políticas comerciales, financieras y de ayuda al desarrollo de sus Gobiernos, empresas transnacionales e instituciones multilaterales que de manera tan adversa afectan a su bienestar y a sus posibilidades de progreso social y político.

Por tanto, las ONGD del Sur reclaman a las del Norte que intervengan decididamente en actividades de sensibilización, denuncia y presión política. En este sentido dos declaraciones son clave: la declaración de Manila (Manila Declaration on People’s Participation and Sustainable Development, junio 1989), preparada por un grupo de treinta y un dirigentes de ONGD del Sur; y la declaración de Arusha (Charte africaine de la participation populaire au développement et à la transformation, Arusha 1990), propuesta por un numeroso grupo de ONGD y grupos de base africanos (si bien en esta conferencia también estuvieron representadas las ONGD del Norte, algunos Gobiernos y organizaciones multilaterales).

Es importante subrayar que las principales ONGD gozan de una característica de gran valor. Se trata del trabajo integral que realizan y el mutuo refuerzo de las tres actividades esenciales que llevan a cabo: la transferencia de recursos (financiación, bienes y servicios), la sensibilización de la opinión pública y la realización de campañas de presión política. Estas últimas, a las que nos referiremos en el siguiente punto, pueden tener un carácter determinado (por ejemplo, fase final de las conferencias intergubernamentales convocadas por la ONU, negociaciones del GATT, acuerdos de Lomé) o ser sistemáticas (por ejemplo, deuda externa, ayuda oficial al desarrollo, políticas de género, seguimiento de acuerdos intergubernamentales).

El refuerzo mutuo de las actividades realizado aquí (en el Norte) y allí (en el Sur) es posible porque:
a) La colaboración con ONGD afines del Sur proporciona a las del Norte información y análisis de primera mano sobre la situación política, económica, cultural y social en estos países;

b) Las actividades de sensibilización y concienciación recogen y adaptan este flujo de información (opinión, inquietudes, luchas, percepciones de la situación internacional) y lo hacen llegar a los distintos grupos diana;

c) Las actividades de presión política, observadas las repercusiones en los pueblos del Sur de las decisiones tomadas en el Norte, reclaman una actitud de solidaridad y denuncian la defensa a ultranza que los grupos de interés del Norte hacen de sus privilegios. Por otra parte, es importante recordar que en la medida en que las ONGD del Norte presionen a sus Gobiernos para que se utilice eficazmente la ayuda pública (y aquí queremos recordar el gran esfuerzo realizado desde finales de 1972 por los miembros de la Plataforma por el 0,7% del PIB), las ONGD del Sur estarán en disposición de exigir a sus propios Gobiernos que la usen para favorecer a quienes más la necesiten.

En materia de presión política (cabildeo, lobbying), las ONGD tienen una gran oportunidad de continuar siendo fieles a sus objetivos fundacionales. Las conferencias intergubernamentales de la ONU, especialmente desde la de Medio Ambiente y Desarrollo (Río 1992), han sido foros en los que, a pesar de la tibieza de los compromisos consensuados por los respectivos Gobiernos, numerosas ONG han podido iniciarse en las estrategias de presión política, al tiempo que establecían contactos y formaban redes en torno a temas de interés mutuo, tanto en el seno de los foros alternativos en los que han participado entre 4.000 (Conferencia sobre Población y Desarrollo, El Cairo, 1994) y 20.000 delegados de las ONG (Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo, Río, 1992), como en las conferencias oficiales en que han tomado parte entre 2.000 y 4.000 delegados de las ONG.

La aparición en el Norte en los años setenta y ochenta, e incluso con anterioridad, de ONG especializadas en la preparación e impulso de campañas de presión política (por ejemplo, World Development Movement en Gran Bretaña, Bread for the World en EE.UU., Agir Ici en Francia, Declaration de Berne en Suiza), marca un hito que cuenta con precedentes tan notables como la campaña realizada a partir de 1979 por 150 ONG de todo el mundo agrupadas en la red IBFAN (International Baby Food Action Network) que consiguió la aprobación por parte de la ONU de un código de buena conducta para conseguir la prohibición de estrategias inmorales de promoción de la lactancia artificial por parte de empresas transnacionales como la Nestlé.

En la actualidad, tanto en el Norte con en el Sur, se tiene la suficiente experiencia acumulada en materia de campañas como para hablar de la gestación de un movimiento de presión política que, a partir de acciones concretas y bien planificadas y gracias a la sinergia, complementariedad y coincidencia en la orientación ideológica de sus ONG promotoras, está generando un proceso paulatino de mundialización de dichas campañas.

Con el respaldo más o menos importante de ONG de diversos sectores del Norte, en el Sur es notable, entre otros muchos ejemplos posibles, la Campaña contra el hambre y por la vida en Brasil impulsada desde 1993 por el carismático Herbert de Souza, el movimiento de oposición a la construcción de 30 grandes embalses (además de 135 de mediano tamaño y 3.000 pequeños) en el valle sagrado del río Narmada en la India, o el movimiento de los indígenas Penan, que se oponen a la tala del bosque de Sarawak (Malasia) en el que viven.

A pesar de todo, y aún teniendo en cuenta la fecunda colaboración entre ONG del Sur y del Norte que en materia de incidencia política se ha dado en las últimas conferencias intergubernamentales convocadas por la ONU (y en sus respectivos foros alternativos), no hay que caer en la autocomplacencia. Queda un largo camino por recorrer hasta alcanzar la hipotética mundialización a la que nos referíamos anteriormente.

Como se nos recordaba recientemente (Vázquez, 1996): «Si a los ciudadanos se los marea enviándoles de una ventanilla a otra, a las ONGD las administraciones públicas, incapaces de resolver los problemas reales de los ciudadanos. Les hacen perder el tiempo de reunión en reunión» sin ningún avance significativo. No hay duda que la misma advertencia valdría para otros interlocutores y sus respectivos ámbitos de influencia.

Cosideraciones Finales
La crisis consiste en que lo viejo no termina de morir y lo joven no acaba de nacer. (A. Gramsci)

Entre el pragmatismo y la utopía.
Los oportunos informes anuales del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD) de los últimos años han mostrado con crudeza el ensanchamiento de la brecha que separa al Norte del Sur (entre grupos de países y dentro de cada país), y el incremento en términos absolutos de la pobreza, acentuada en los países del Sur y del Este por los programas de ajuste estructural, por los recortes presupuestarios en materia social y por la cada vez más precaria situación del empleo en los países del Norte. El reconocimiento y la vivencia del empobrecimiento de la población en el ámbito mundial y el deterioro medioambiental son los dos factores ¡negativos! que con mayor fuerza están generando lazos de colaboración y acción transnacional.

El orden mundial en el que estamos inmersos se caracteriza por generar vínculos de dependencia de la periferia (periferias) con respecto al centro (centros), tanto local como globalmente. Una periferia que se ha visto engrosada por la población de la mayoría de los países de la Europa del Este. Este status quo hace posible la creciente acumulación de la riqueza, los recursos y el poder político en pocas manos, mientras el sistema se mantiene en relativa estabilidad gracias al clientelismo, al uso de la presión comercial o financiera o –llanamente gracias a la utilización de la represión y de la fuerza militar (por ejemplo, la Guerra del Golfo en 1991). Si bien en alguna medida todos lo hacemos, aquellos que más se benefician del sistema se aseguran los medios necesarios para mantener este desigual reparto de poder local, regional, estatal e internacional.

Frente a este proceso de mundialización económica, deben resaltarse dos elementos inquietantes del panorama mundial, que son:
- La ausencia de modelos contrastados para el progreso social y el desarrollo económico participativo, equitativo y ecológicamente sustentable (aunque ya se están esbozando a pequeña escala y hay un considerable corpus de sabiduría histórica acumulada, de momento encubierta por obsoletos modelos de ‘modernización’).

- La ausencia de instituciones internacionales auténticamente representativas en un mundo en el que la nación-estado parece tener un papel cada vez más insignificante, no sólo en la esfera de las decisiones económicas, sino también en la aplicación de medidas correctoras de los efectos secundarios que sobre las capas más vulnerables de la población tiene el libre mercado (que favorece cada vez más la especulación financiera y se despreocupa de la economía generadora de ocupación laboral) y la sacrosanta competitividad.

Algunos acontecimientos recientes pueden tener consecuencias positivas a medio o largo plazo: procesos de democratización en algunos países de Latinoamérica y África (aunque sean democracias meramente formales o incluso tuteladas por los militares), la caída del muro de Berlín y el derrocamiento de las burocracias de los países del Este (ahora supuestamente sólo nos queda el capitalismo victorioso de Fukuyama, si bien tenemos el convencimiento de que todavía es posible el socialismo democrático, aún por construir), y la creciente sensibilización hacia temas como el deterioro del medio ambiente o la conculcación de los derechos humanos en todo el mundo. Finalmente, como hemos afirmado anteriormente, también observamos un fortalecimiento de lo que hemos denominado nuevos movimientos sociales y, sobre todo, creemos ser testigos de una creciente organización y participación de los sectores populares en la construcción local de un orden social y económico más equitativo.

Frente a este análisis de coyuntura y teniendo en consideración la experiencia acumulada: ¿Qué papel pueden tener las ONGD que han alcanzado, o se han incorporado en buena forma a la cuarta generación? ¿Cuál será el perfil de una posiblemente no muy lejana quinta generación?

Al tiempo que las ONGD del Norte colaboran con sus contrapartes del Sur para mejorar la eficacia social, política, económica y cultural de sus programas de cooperación local, los argumentos de su diálogo con estas últimas deben ser contrastados globalmente mediante un análisis riguroso de la realidad. Creemos que algunas ONGD aportan elementos de vital importancia para la construcción de un nuevo modelo de relaciones sociales (paradigma social), un modelo que se deberá diseñar junto a otros grupos sociales ya mencionados. Pragmatismo (la mejor opción posible) y utopía (la mejor opción deseable) deben darse la mano en las agendas de trabajo de dichas organizaciones.

Consideraciones finales.
En su evolución futura, las ONGD del Norte deberán ser más sensibles y críticas respecto al papel de mediación que desempeñan entre las poblaciones empobrecidas del Sur y sus conciudadanos y Gobiernos. En el caso de que aún lo sean, es importante que vayan dejando atrás su antigua función de meros intermediarios financieros, que busquen incorporar el máximo valor añadido que justifique este papel de intermediarios. En la actualidad algunas ONGD, sin duda las menos, son para sus miembros simplemente un modus vivendi en un mercado laboral cada vez más precario. Sin embargo las ONG del Norte deben convertirse en fieles correas de transmisión de las percepciones, inquietudes y luchas del Sur, al tiempo que incorporan a su función de financiadores el valor añadido de la educación para el desarrollo, la concienciación y la presión política, con el fin último de democratizar y transformar estructuralmente sus propias sociedades y, en colaboración de igual a igual con las ONGD del Sur, la sociedad global.

Entre los cambios y riesgos previsibles, en muchos casos necesarios para navegar con buen rumbo entre el pragmatismo y la utopía, las ONGD del Norte deberán tener presentes las doce pistas siguientes (estas reflexiones son parcialmente aplicables a las ONG del Sur y a las del Este, cuando éstas últimas se consoliden):

1. La disminución de la recaudación privada en términos absolutos y, con toda seguridad, en términos relativos a la financiación pública, especialmente la destinada a ayuda humanitaria y de emergencia, que reciban en el futuro. En este contexto, las ONGD no deben perder de vista el riesgo de cooptación y manipulación por parte de los poderes públicos.

2. Aquellas ONGD que dependan mayoritariamente de la financiación pública corren el riesgo de convertirse en meras organizaciones subsidiarias de los Gobiernos en la puesta, en práctica de acciones antes llevadas a cabo por los propios Gobiernos o las instituciones multilaterales de suplencia de funciones.

3. Las campañas de captación de fondos deben ser muy escrupulosas con los códigos de imagen aprobados por las ONG, y deben resistir la tentación del sensacionalismo, más aún cuando en la actualidad algunas ONGDs no tienen ningún empacho a la hora de utilizar, en expresión de Clark (1991:44), «la arteria que conecta el corazón con la cartera». De igual manera no debemos olvidar que «las ONG, a diferencia de las empresas con afán de lucro, no trabajan para obtener una mayor cuota de “mercado”, sino para ayudar a otros a crecer, En último extremo, nuestro compromiso como ONG es retirarnos a nosotros mismos del negocio» (Dichter, 1989).

4. La reconversión del sector no gubernamental de cooperación con una disminución en el número de las ONGD no generalistas, el crecimiento del número de ONG especializadas en acciones de emergencia y el aumento de las fusiones entre ONGD de pequeño y mediano tamaño.

5. El incremento muy significativo del número de campañas de movilización ciudadana y presión política, así como del número de organizaciones y redes implicadas en las mismas. Asimismo, es importante seguir con atención, y en su caso apoyar, los movimientos espontáneos de cambio y protesta social, movimientos que muy probablemente se incrementarán en los próximos años.

6. La creciente implicación de algunas ONGD en acciones para la erradicación de la pobreza en sus propias sociedades (un paso que ya han dado ONGD como el Comité Catholique contre la Faim et pour le Développement de Francia y Oxfam en Gran Bretaña, entre otras) y en países de la Europa del Este (un paso que ya han dado algunas ONGD, principalmente en Austria, Alemania y Suiza).

7. Las ONGD no deben tener miedo a crecer (Schumacher hubiera estado de acuerdo con que, si bien «lo pequeño es hermoso», lo grande no es necesariamente feo), pero habrán de conservar el equilibrio entre dicho crecimiento y la capacidad de adaptación a un entorno económico y social extraordinariamente cambiante.

8. Las ONGD deberán destinar una parte mucho más significativa de sus recursos a acciones de sensibilización, concienciación y movilización de sus conciudadanos. Aquellas ONGD involucradas en actividades de comercio justo (Fair Trade) deberán esforzarse para convertir esta actividad en un eficaz instrumento de educación para el desarrollo, al tiempo que ofrece un mayor respaldo económico a grupos y cooperativas de productores del Sur.

9. Las ONGD deberán impulsar, individualmente y de manera concertada con otras ONG e instituciones académicas, la reflexión y la investigación sobre todos aquellos temas que tienen que ver con su trabajo sobre el terreno en el marco de las relaciones entre Norte, Sur y Este. Esta investigación es imprescindible para conseguir el máximo impacto de las campañas que se lleven a cabo.

10.Las ONGD deberán hacer frente al reto de las telecomunicaciones para ser más eficientes en la circulación de información, ideas, convocatorias, entre otros flujos.

11.Las ONGD deberán aplicar cada vez más el principio de subsidiariedad (descentralización), de manera que todas aquellas cosas que puedan ser realizadas por las ONGD y grupos de base del Sur, no deben ser realizadas por sus contrapartes del Norte.

12.Las ONGD del Norte deben compartir con las del Sur su experiencia en la captación de fondos privados, de forma que estas últimas puedan depender en menor medida de la financiación exterior, incluida la proveniente de Gobiernos del Norte (financiación directa) e instituciones multilaterales.

Finalmente cabe interrogarse sobre la posible –y deseable transformación de redes de ONG en partidos políticos, o la formación de éstos por iniciativa de ONG, como ya sucedió en su día con las ONG ecologistas en algunos países, principalmente en Alemania. A diferencia de los verdes, los partidos a los que hacemos mención se constituirían en diferentes países, tanto del Norte como del Sur, y espontáneamente darían lugar a organizaciones de implantación transnacional (se superaría así el modelo de instituciones actuales como la Internacional Socialista o la de la Democracia Cristiana). Dando por supuesto que siempre serán necesarias ONG distantes y críticas con el poder institucional, y aceptando la supervivencia en el futuro del modelo de representación parlamentaria, ¿será necesaria la reconversión que aquí nos limitamos a apuntar, en la perspectiva de unos Gobiernos con decreciente poder de decisión y dada vez más condicionados por los intereses de la minoría que detenta el poder económico nacional y globalmente?

Las ONG del Norte han de escuchar con atención las voces críticas, y asumirlas ya que éstas ayudan a mejorar su eficacia y transparencia públicas. Así, A. Galand (1994) se pregunta si las ONGD del Norte no han sido víctimas del éxito que se les atribuye o, cuando menos, de su buena imagen pública. El precio –según Galand- habría sido la pérdida de su carácter reinvindicativo original, y así se habrían convertido en organizaciones más «consensuales», en definitiva más dóciles frente al poder y más propicias a conformarse con el mínimo común denominador. Petras y Vieux (1995) van aún más lejos al afirmar que las ONGD del Sur (suponemos que se refiere especialmente a las denominadas QUANGO, casi organizaciones no gubernamentales o paragubernamentales), apoyadas económicamente por instituciones financieras multilaterales y ONGD del Norte, «han acabado desempeñando un papel subordinado, pero cada vez más importante, en la ejecución práctica del ajuste estructural». Y añaden que «las ONG han tenido un impacto negativo en los movimientos sociales autónomos».

Finalmente Tandon (1991) cuestiona el papel de las ONGED del Norte de África, y critica lo que él considera la falta de transparencia en la toma de decisiones y en la gestión de sus recursos económicos.

Este autor africano las acusa también de imponer con frecuencia modelos culturales de Occidente, de poner trabas a la evaluación de su trabajo por parte de las ONGD africanas, de paternalismo y de que establecen una relación tendiente a una dependencia que se remontaría a la era colonial. Coincide con otros autores al percibir que las ONGD del Norte imponen a las del Sur una «agenda» ajena a la suya propia y cambiante según el factor de desarrollo de moda que se quiera potenciar en cada momento, de género, derechos humanos, ecología, etc.

Creemos que las ONGD se encuentran en una encrucijada histórica que exige un replanteamiento serio de su función social. Para evitar dar bandazos entre el reformismo cauto y la revolución violenta, han de consolidar aquellas actividades y objetivos que las capaciten para contribuir a la reforma radical del sistema. Dicho objetivo seguramente provocará tensiones y enfrentamientos interpersonales e institucionales.

Las ONGD que asuman el compromiso de defender los intereses de aquellos sobre los que más negativamente repercute le actual sistema económico y político (y de defenderlos con ellos), deberán denunciar mecanismos de opresión y exclusión social, y es posible que tengan que enfrentarse con los responsables de otras ONGD movidas por intereses que impidan la consecución de la erradicación de la pobreza y la plena participación social de mujeres y hombres en le proceso de emancipación y construcción social a partir de sus propias percepciones y prioridades. Por eso las ONGD deben incorporar con mayor fuerza los elementos de denuncia de los procesos de opresión y de demarcación de responsabilidades.

«La acción implica conflictos de intereses», afirma Chambers, pero añade también que lo más frecuente no son «los periodos de enfrentamiento y cambio radical», sino aquellos «en los que se debe trabajar pacientemente en pequeñas cuestiones». Así pues, deberemos casar la paciencia a que nos obliga el contrastar la utopía con la realidad con la impaciencia del radicalismo y la indignación ante el sufrimiento evitable de tantos hombres y mujeres (y el abuso de poder y la prepotencia de una minoría).

De cuanto hemos dicho es seguro que al menos quedará una idea clave: la cooperación entre ONGD del Sur y del Norte debería ser mucho más que una mera transferencia Norte Sur de conocimientos, tecnología y recursos financieros apropiados. El objetivo último del desarrollo no es el crecimiento económico, sino el bienestar de los más desfavorecidos en condiciones de plena participación en los asuntos locales y globales que repercuten en sus vidas (empowerment).

En segundo lugar, la cooperación para el desarrollo entraña, entre otros elementos, el intercambio –y a largo plazo el mestizaje- cultural entre el Sur y el Norte que en gran medida está por cultivar y que podría ser considerado como una auténtica ayuda al desarrollo sostenible que las sociedades del Sur hacen a las del Norte (CRIES, 1990). Este nuevo paradigma de la cooperación que vemos aparecer implica también una visión integral de las relaciones humanas que facilite un trabajo de cambio estructural y democratizador de la sociedad global a partir de este diálogo intercultural y de la cooperación solidaria.

Para finalizar es oportuno recordar la reflexión de Jon Sobrino (1995:923, énfasis añadido), compañero de Ignacio Ellacuría y profesor de la Universidad Centroamericana en San Salvador:

«Desde un punto de vista antropológico, si la solidaridad sólo fuera ayuda, no pasaría de ser una limosna magnificada, por la que el donante daría algo de lo que tiene, pero sin verse él mismo comprometido en lo más profundo de sí mismo, ni urgido a mantener la ayuda. Y la ayuda así entendida lo sería sólo en una dirección, del que da al que recibe. Pero de esta forma se desconocerán dos elementos esenciales de la solidaridad: el compromiso personal, no sólo la ayuda material; la decisión duradera de ayudar, no sólo el alivio coyuntural y la apertura para recibir, no sólo para dar. »

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- World Development, Número monográfico sobre las ONG; Vol. 15, Autunm 1987, Ver especialmente las contribuciones de C. Elliot, M. Padrón, K. Kajese, B. Smith, D. Korten, T. Lemaresquier, L. Minear y C. Stremlau.
- Wallerstein, L., The Politics of World economy. Cambridge University Press. 1984.

ITESO
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente
Departamento de Economía, Administración y Mercadología (DEAM)