Jueves, Mayo 23, 2013
   
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Fin del liberalismo

Rafael Crespo M. : Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla


A principios del siglo XX, existían en el mundo varias potencias económicas, comerciales y militares que se repartían entre ellas los mercados y las fuentes de materias primas del mundo. Estos países eran: en Europa, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Austria Hungría y Rusia. En América, Estados Unidos ya habían logrado ponerse a la altura de los países más fuertes. En Asia, Japón ya tenía también una importante presencia en el orbe. Todos estos países competían entre sí fuertemente por la dominación del mundo, que estaba dividido en colonias más o menos controladas por las potencias. El sistema económico-político que dominaba era un capitalismo liberal, en el que las convicciones económicas eran que los gobiernos debían “dejar hacer y dejar pasar” las decisiones al sector privado, mediante una intervención pública reducida a su mínima expresión (lo que no quiere decir que las potencias no actuaran de vez en cuando en función de sus intereses, aplicando políticas comerciales, diplomáticas y económicas que las favorecieran).

Sin embargo, durante la segunda década del siglo XX, que va de 1910 a 1920, se dieron varios eventos que terminaron con la vieja idea de que la libertad a ultranza de la vida económica era garantía de un desarrollo equilibrado y sostenido del nivel de vida de todos los países del mundo (desde luego, esa idea había sido forjada en Gran Bretaña a fines del siglo XVIII, entonces la potencia comercial y económica más importante del planeta). El más significativo de estos acontecimientos fue la Primera Guerra Mundial, en la que entraron en conflicto los intereses de las potencias europeas, y que comenzó de forma violenta con el asesinato del Archiduque de Austria en Sarajevo. Durante el desarrollo de esta guerra, se vieron involucrados los principales países europeos al principio, y luego se extendió a más naciones del mundo.

Lo que nos interesa de este conflicto internacional no es tanto el aspecto militar, sino las consecuencias que tuvo para el liberalismo mundial. Al terminar la guerra, la situación económica de la mayoría de las naciones que tomaron parte era realmente desastrosa.

La mermada población, las fábricas destrozadas, los negocios acabados, las inversiones casi inexistentes, el ánimo de la gente abatido, provocaron la intervención creciente de los gobiernos para tratar de rescatar el equilibrio y el poderío de las naciones. Casi todos los países que participaron en la guerra tomaron el control de sus economías y actividades comerciales con mayor o menor fuerza. Este hecho, naturalmente, terminó con las prácticas liberales en las que tanto creían los teóricos de la ciencia económica, y se entró de lleno a un proteccionismo controlador, contrario a las convicciones.

Otro evento que marca el fin del liberalismo fue la Revolución Rusa, que convirtió a este país en la primera nación comunista de la historia. En este régimen, es el Estado el que toma totalmente la dirección de la vida económica, mediante un equipo planificador de largo plazo, que se encarga de diseñar y aplicar las políticas necesarias para llevar al país a una situación de perfecto orden y armonía entre las clases sociales, lo que garantizaría un desarrollo económico que abarcara a toda la población, y no solo a las clases capitalistas. Para esto, se sustituyó la propiedad privada de los negocios (agrícolas, industriales y de servicios) por una propiedad colectiva, dirigida por el gobierno. El mundo conocía por primera vez un experimento social que solo existía en la teoría y en las mentes de idealistas y humanistas románticos.

En la misma década segunda del siglo pasado, comenzó lo que sería la Revolución China, un fenómeno mucho más tardado que en Rusia (tardó 38 años en culminar), y que finalmente derivó en un sistema comunista parecido al de la Unión Soviética. Es decir, un sistema en que el Estado toma el control total de la vida económica, política y social del país.

Finalmente, en la misma etapa estudiada, se dio en México, a partir de 1910, una revolución que cambió los viejos sistemas económicos, políticos y sociales que prevalecían en el país, a nuevas formas de interacción social que coincidieran con la realidad de ese momento y con su desarrollo futuro. Durante esta contienda, se redactó una nueva Constitución Política que rigiera la vida política y económica de México, a partir de distintos fundamentos y concepciones para una nación más moderna. La nueva constitución permite al Estado intervenir y conducir la economía y su desarrollo, con lo cual se elimina el viejo liberalismo representado por las figuras de Benito Juárez y Porfirio Díaz, y se da entrada a una época en que el gobierno toma una forma más paternalista y se involucra cada vez más con las decisiones económicas y sus consecuencias.

De esta forma, se da en el mundo un cambio más o menos rápido y drástico de un liberalismo competido y decadente, a una época de controles e intervenciones de los gobiernos. Tres de esos fenómenos son locales y uno es de carácter universal, pero todos coinciden en forjar una autoridad cada vez más comprometida con el desarrollo de la vida económica y política de sus poblaciones.

El único país que había permanecido al margen de estos cambios eran los Estados Unidos de Norteamérica, por cierto considerados como los paladines de la libertad en todos los órdenes. Sin embargo, la gran depresión económica que se dio en esa nación a partir de la desastrosa caída de la bolsa de valores de Nueva York, obligó al gobierno de Roosevelt a diseñar un drástico programa de intervención para enfrentar la peor crisis de la historia de ese país. Con esto, la casi totalidad de las naciones del mundo entraron a una etapa que distaba mucho de seguir promoviendo las supuestas ventajas del liberalismo del siglo anterior.

Esta situación prevalecería hasta después de la Segunda Guerra Mundial, en que se empezaría a agotar el modelo de intervención, y se daría paso paulatinamente a un nuevo esquema liberal que permitiera reorganizar el orden económico internacional basado en la libertad y la democracia, como se había creído a fines del siglo XVIII.

ITESO
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente
Departamento de Economía, Administración y Mercadología (DEAM)